QUÉ ES CALEFACCIÓN POR SUELO RADIANTE?

Actualmente, muchos siglos después la moderna tecnología retoma aquella idea de ofrecer el que quizás sea el mejor sistema de calefacción del mercado: el suelo radiante o lo que es lo mismo la circulación de calor por debajo del pavimento de la vivienda. De este modo no se requieren radiadores, la sensación térmica resulta muy agradable especialmente para los niños y se obtiene un confort uniforme con menor temperatura respecto a la calefacción tradicional, lo que permite un notable ahorro energético.

El calor circula por debajo del suelo a través de un delgado tubo de polietileno fijado a una placa aislante. La calefacción por suelo radiante es compatible con cualquier fuente de calor (gasoil, gas, electricidad, energía solar, etc) y con cualquier tipo de pavimento (parque, tarima, gres, terrazo, etc) Este mismo sistema podemos utilizarlo para refrescar en verano, haciendo pasar por el mismo circuito,agua refrigerada proveniente de una bomba de calor. El efecto que conseguimos es el de “cueva o bodega”.

Es un sistema que a diferencia del aire acondicionado convencional necesita de una inercia térmica pero tiene como ventajas ante los sistemas convencionales, que no produce corrientes molestas de aire, ni tenemos aparatos, ni conductos ni rejillas en las dependencias. El suelo radiante no genera corrientes de aire ,ni reseca el ambiente, siendo el sistema más económico, confortable y saludable.

TEMPERATURA Y CONFORT

Si buscamos un perfil idóneo de temperatura para las personas, el “suelo radiante” con agua a baja temperatura es el sistema que mas se aproxima a dicho perfil, debido a que la distribución en vertical de la temperatura con los pies templados y la cabeza mas fría consigue el máximo confort en todos los puntos de la estancia.

Las personas apreciamos el calor de tres maneras diferentes, un 25% por convección, un 25% por evaporación y, un 50% por radiación.

Con el suelo radiante aportamos una gran superficie para obtener un 70% del calor por radiación y el resto por mínima convección evitando molestas corrientes de aire que para la percepción de nuestro cuerpo “sentimos frió” De lo anterior se desprende que, la sensación térmica que conseguimos con el suelo radiante a 21º es similar a la que conseguiríamos con otros sistemas a 22º o 23º observando un importante ahorro energético. El elemento calefactor es el propio suelo, bajo el que están instalados tubos de Polietileno reticulado con barrera EVOH, característica muy importante pues evita la penetración del oxigeno y por consiguiente barros y oxidaciones en elementos metálicos de la instalación que obturan bombas, válvulas, calderas etc…

El suelo radiante es confortable y proporciona una sensación de bienestar pues evitamos corrientes molestas de aire, no hay elementos calefactores externos evitando así quemaduras, gastos de limpieza y pintura provocados por el polvo quemado que queda adherido a las paredes detrás de radiadores y convectores. Además cuando hablamos de decoración no esta limitada como con otros sistemas que ocupan parte de nuestras paredes, reducen nuestro espacio y condicionan la distribución de muebles.

ANTECEDENTES

Los antiguos romanos usaban en sus baños públicos un sistema de calefacción -el Hipocausto-, que consistía en hacer circular bajo el suelo aire caliente procedente de un horno, situado debajo del pavimento. De ésta forma se caldeaba las habitaciones.

El invento data del año I Antes de Cristo. La Gloria es un sistema de calefacción de origen árabe utilizado en Castilla a partir de la Edad Media, que consistía en un hogar situado generalmente en el exterior (un patio), donde se quemaba paja. El aire caliente procedente del horno circulaba entre unos pilotes situados debajo del suelo y luego se elevaba a través de unos conductos de ladrillo.

El confort térmico era absoluto. Todas las villas de la época romana contaban con este tipo de calefacción.
La altura del espacio vacío por el que circulaba el aire era de unos 40 a 60 cm. Se calcula que la temperatura de la casa no pasaba de los 30 grados.

En las termas, para obtener un calor más intenso, se integraban además en los muros tubos de barro cocido (tubuli), que daban salida al humo del horno y el aire caliente que circulaba en el hipocausto.